Breves Apuntes Históricos

1. Los dominios señoriales en Juarros.


La historia en la comarca de Juarros forma parte de un proceso de lenta y continuada evolución en el tiempo. El primer hombre de Atapuerca, no ajeno a la generosidad del espacio recién descubierto, se dispone a generar su propia historia, una historia que comenzó hace ochocientos mil años y que no ha parado de proyectarse en el espacio y en el tiempo hasta nuestros días. Los brazos del Imperio Romano se extendieron hasta aquí en forma de eficaz aparato encaminado a imponer el orden, la organización en el trabajo y, en consecuencia, el desarrollo agrícola y ganadero, sólo posible gracias a la seguridad ofrecida por el gran padre romano. Con la caída del Imperio, todo el mundo romanizado cae en las más profunda oscuridad, a pesar de los intentos de los pueblos bárbaros por recuperar la luz y esplendor pasados. Las malas cosechas se suceden, los campos antes cultivados son ganados por las barbecheras, la población se contrae y las pequeñas aldeas sobreviven en un mundo desorganizado. Tampoco el repliegue de los musulmanes hacia el Sur debió favorecer la situación que se arrastraba de tiempo atrás, pues se perdía así el amparo y protección de un político superior, derivando todo ello a un retroceso cultural y económico de las poblaciones nativas. La falta de organización social y política contribuye a la movilidad de la población, dedicada a actividades silvopastoriles. Habremos de esperar al año 1.000 después de Cristo para apreciar los síntomas de cambio.


Entre finales del S. IX y principios del S. X se produce la primera etapa de ocupación de nuestro territorio, formando parte del proceso de la Repoblación. La Repoblación ha de ser entendida en el sentido de poblar, pero no como la ocupación de un territorio totalmente deshabitado, sino como la reorganización político-administrativa de un espacio desorganizado. Supuso, además, una transformación de la propiedad y de la organización social, la llegada de nueva población y la explotación de nuevas tierras por las familias campesinas. El origen de la población siguió el descenso en dirección norte-sur a partir del territorio del norte burgalés. Serían gentes llegadas del área vascona que, por miedo a las incursiones musulmanas de su área de procedencia, se decidieron a asentarse y organizarse junto al valle del Arlanzón. Sólo así se explica la gran abundancia de topónimos de raíz euskérica en esta comarca (Galarde, Urrez, Urquiza, Zalduendo, Ibeas, Villabáscones). Tampoco faltarián a la cita colonizadora algunos grupos de familias autóctonas de la zona que habían logrado sobrevivir, en condiciones precarias, sirviéndose de refugios naturales en los bordes montañosos y dedicados casi exclusivamente a la ganadería.


Esta nueva población se fue instalando siguiendo el curso de los ríos, en los valles donde el terrazgo ofrecía la mejores condiciones para su explotación, principalmente en el contacto entre el valle y la montaña, donde el aprovechamiento del bosque y las tierras de labor podía ejercitarse a un mismo tiempo. De esta manera fue como entre los S. IX y X surgieron multitud de núcleos de población, pequeños y aislados entre sí por amplios espacios, coincidiendo con un momento de relativa tranquilidad con el enemigo árabe. Pero entrado el S. XI, este crecimiento demográfico desbordaría los núcleos de población existentes, haciéndose necesaria tanto su ampliación como la creación "ex novo" de otros muchos. En consecuencia, los nuevos núcleos se establecieron rellenando los espacios vacíos que anteriormente separaban las poblaciones exitentes. Se procedía así a una explotación más intensiva del territorio. Se podría afirmar, por tanto, que la primera fase de la Repoblación estuvo impregnada de esa iniciativa privada y espontánea que precedería en el tiempo a la repoblación oficial auspiciada por los reyes y señores nobles.


El resultado de esta primera fase de ocupación del territorio es una estructura económico-social basada en la implantación de unas comunidades de aldea integradas por pequeños propietarios de condición libre. Esto es lo comenzaron siendo los pueblos de nuestra comarca juarreña, un conjunto de pequeños pueblos integrados por familias titulares de sus propios derechos de propiedad sobre sus tierras, que coexisten con otros derechos de tipo colectivo, aplicables sobre los llamados bienes de titularidad comunal, es decir, los espacios de pasto y bosque. Cada uno ocupa un espacio que considera propio y que gestiona y administra de manera independiente, sin que nadie externo a él le condicione o determine. Así, durante el primer siglo de vida de los lugares y villas de la comarca de Juarros, la organización interna se sustentó en varios elementos. El primero y más importante fue la distribución de la tierra en lotes de propiedad particular en combinación de unos derechos compartidos sobre los espacios del baldío. En segundo lugar hay que citar la libertad individual de los campesinos de hacer con sus parcelas lo que quisieran: ampliarlas, reducirlas mediante la venta o enajenarlas en favor de condes y monasterios. Este último procedimiento fue el que, a no mucho tardar, conduciría a la desaparición de los campesinos como hombre libres. Pero mientras este hecho tardara en llegar, todos ellos disfrutaron de una igualdad en la que todos eran dueños de sus decisiones, sin que nadie actuara por el resto. Pero si dicha libertad era el eslabón que permitía mejorar la situación personal de cada uno, también se convirtió en el trampolín de aquellos que deseaban sobresalir del resto, originándose así las primeras diferencias sociales.


La realidad demostraría que idílico estadio de absoluta libertad era inestable, por lo que la propia evolución interna acabaría por desintegrarlas. En consecuencia, la sociedad feudal surgiría a partir de la desintegración de las comunidades de aldea, dando lugar a una jerarquización social de los individuos. Las desigualdades sociales entre los individuos daría lugar a una incipiente aristocracia, diferente del resto por concentrar en sus manos una mayor cantidad de tierra, la base de la riqueza en la Edad Media. Este reducido grupo de grandes propietarios acabaría imponiéndose social y económicamente sobre el resto de sus vecinos en virtud de la posesión de un pequeño dominio, lo que les legitimaba para ejercer su autoridad por encima de la aldea. Esos pequeños dominios se convertirían en el embrión de lo que más tarde se conocerá con el nombre de señoríos. verdadero fundamento de la sociedad feudal. Sus dueños. losmaiores, concentrarán todos sus esfuerzos en ganar posiciones dentro de la sociedad. a medida que los reyes les encomiendan tareas de gobierno en un momento de expansión de la Reconquista.


En la aparición del pequeño campesino tuvo mucho que ver la aparición de esta embrionaria aristocracia, tendente a una cada vez mayor concentración de tierra de dentro de la aldea, la presión demográfica sobre el espacio aldeano y las continuas divisiones derivadas de la herencia. Todos estos elementos generaron una escasez evidente en la disponibilidad de tierra para el resto de los campesinos, por lo que la única salida a la supervivencia pasaba por la entrada en dependencia con los señores del lugar.


Como se puede desprender de la documentación analizada, observamos cómo la nobleza de los S. Xl-XII no se muestra interesada por acumular grandes extensiones de tierra, sino más bien pequeños dominios en los términos de muchas aldeas. Pero esta dispersión no significa falta de organización, pues lo que dará articulación y coherencia a todo el señorío será la figura de su titular y los sistemas de explotación existentes en el ámbito de cada aldea. El patrimonio de los señores laicos y eclesiásticos se iba constituyendo de manera lenta y progresiva, adaptándose a la realidad previa de las villas.


Pero lo cierto es que nobleza y monarquía estaban obligados a entenderse. Alcanzada la mitad del S. XI ambas partes llegaron a acuerdos para Ja organización y disfrute del poder. Un documento interesante de 1196, hallado entre la documentación del monasterio de las Huelgas de Burgos, nos habla de cómo la señora de Palazuelos, Dª María de Almenar, por un lado, y los herederos del señorío de Santa Cruz de Juarros, por otro, establecen por mandato del rey Alfonso VIII la delimitación y amojonamiento de los términos de ambos concejos, estableciendo una concordia sobre el uso de los pastos. El documento será confirmado por los reyes Femando lll, Alfonso X y Sancho IV en los años 1223, 1254 y 1285, respectivamente. Este tipo de dispensas regias es consecuencia del reconocimiento que la corona hace de la autoridad de estos grupos de poder local sobre unos territorios. Pero no todo sería entendimiento entre la monarquía y aristocracia, pues consta que en el año 1380, en un momento de verdadera tensión y ruptura de las "buenas" relaciones mantenidas hasta el momento, el rey Juan I se querella contra el noble Pedro González Carrillo, vasallo suyo, por apropiarse de los vasallos y bienes que el monasterio de San Juan tenía en San Adrián de Juarros. Los monasterios tampoco quisieron ser menos y también participaron de la generosidad de los reyes, motivada por un momento de expansión de los territorios frente al enemigo árabe. Así, sabemos que en 1199 el rey Alfonso VIII concede a San Cristóbal de Ibeas el privilegio en la exención del pago del portazgo, así como la posibilidad de pastar con sus ganados libremente en todo el reino.


En una segunda etapa que va hasta el S. XII, se asienta la fundación y dotación de ciertas entidades monásticas de gran prestigio en la comarca, entre ellas: San Cristóbal de Ibeas, Santa María de Bujedo y San Adrián de Juarros, dependiente éste último del monasterio de San Juan de Burgos. Tampoco faltarían a la cita los lejanos monasterios de San Pedro de Cardeña y San Pedro de Arlanza, que no vieron en la distancia un obstáculo para su participación en el reparto de la comarca de Juarros. Estos monasterios, a semejanza de los señores laicos, mostraron pronto sus deseos de configurar sus propios señoríos. El camino más comúnmente empleado fue el de la compra y la donación por parte de esos mayores. Ellos fueron los que pusieron a la venta algunos de los solares que poseían en las aldeas de donde provenían, de manera que los monasterios vieron en su adquisición una buena oportunidad para participar en los derechos de titularidad de la tierra. Y no se equivocaron, pues pronto competirían con los señores laicos en el control de las aldeas. Entre las colecciones diplomáticas de estos monasterios contamos con numerosos ejemplos de compras hechas a distintos señores de la comarca de Juarros. Pero quizás más importantes en cuanto a volumen fueron las donaciones voluntarias de algunos particulares de condición laica o eclesiástica para con ellos.


La pregunta que se nos plantea ahora es saber cuáles eran los motivos que llevaron a estos miembros del estado noble a vender o donar algunos de los pequeños dominios que tenían por ahí dispersos a los monasterios. Los textos medievales se refieren a ellos como caballeros o señores. Quizás la excesiva dispersión de unos dominios difíciles de controlar o una vinculación de tipo contractual desconocida para nosotros, son algunas de las cuestiones que nos planteamos ante la carencia de datos aportados por los documentos. En otros casos eran los hijos segundones de familias nobles quienes, excluidos de la carrera militar por sus hermanos mayores, deciden ingresar en una orden monástica a fin de poder llevar una vida de retiro y oración. Consigo llevaban un pequeño lote de tierras a modo de aportación económica a la comunidad que lo iba a acoger hasta el resto de sus días.


Para seguir un orden cronológico, procederemos a realizar un recorrido por las donaciones y compras más singulares realizadas por estos centros monásticos. Comenzaremos por las ventas. La más antigua data de 921, año en que una familia compuesta por los cónyuges y los hijos vende al monasterio de San Pedro de Cardeña una tierra situada en Ibeas, junto a los molinos entre el río y el cauce molinar. Habrá que esperar casi ciento treinta años hasta tener noticias de una segunda venta. Esta tiene lugar en el año 1048, cuando una pareja de hermanas vende a Cardeña la parte de su herencia en Espinosa de Juarros a cambio de cierto ajuar doméstico valorado en 100 sueldos de plata. Dos años más tarde, un tal García vende al abad Domingo de Cardeña una tierra que tenía cerca del pueblo de Cueva de Juarros al precio de 20 sueldos de plata.


Escudriñando entre la documentación del monasterio de San Pedro de Arlanza hemos encontrado una venta hecha en 1219 por un pequeño monasterio particular de Arlanzón que vende al de Santa María de Bujedo cuanto le pertenecía en el lugar de Salgüero de Juarros, entre otros. El patrimonio del monasterio de las Huelgas de Burgos estaba bien representado en la comarca de Juarros. Disponemos de una venta hecha en el año 1225 por una mujer que, en consentimiento de su marido, decide vender a este centro monástico toda la heredad de que disponía en las villas de la comarca, con todas sus divisas, por un total de 400 maravedís. Las heredades que se citan se localizaban en Santa Cruz de Juarros, Brieva, Salgüero de "Salmuera", Mozoncillo, Cuzcurrita y Cueva. Del año 1380 tenemos otra venta hecha por Garci González de Padilla, quien da al capellán del monasterio real dos tierras y una viña en Palazuelos de la Sierra por 4.250 maravedís. Si tenemos en consideración el valor de las dos ventas realizadas a las Huelgas, puede observarse que la cantidad no conlleva necesariamente una mayor calidad y, por lo tanto, su reflejo en el precio, puesto que una viña y dos tierras en Palazuelos valen más que todas las propiedades sitas en Santa Cruz, Brieva, Salgüero o Cueva.


Por último, hacer mención al más cercano y vecino de los monasterios que ejercieron su influencia sobre la comarca juarreña. Fue el monasterio de San Cristóbal de lbeas, situado en el término del pueblo de San Millán, y aunque las referencias documentales relativas a su dominio en Juarros no parecen hacerle justicia, lo cierto es que su presencia en la comarca causó más de un disgusto a la Junta. Únicamente dos ventas de cierta relativa importancia ponen de manifiesto el interés del monasterio por el control de ciertos dominios que le dieran la oportunidad de participar en la red señorial. Habrá que esperar a un S. XIII muy avanzado para disponer de las primeras noticias documentales. Será en el año 1283 cuando dos particulares por separado decidan vender a San Cristóbal todas sus propiedades en Ibeas de Juarros por 350 maravedís cada uno. El monasterio acabaría por formar un dominio que, aunque lejos de ser comparado con los alcanzados por otros monasterios coetáneos, sí le permitió dar a censo perpetuo a los pueblos de San Adrián y Salgüero cierto villar que tenia trabado con la Junta.


Pasemos ahora a las donaciones, más valiosas en cuanto a número y a cantidad de lo entregado. El monasterio más beneficiado por ellas fue San Pedro de Cardeña, conociendo en la comarca de Juarros un total de seis donaciones entre los años 926 y 1079. Así, en el año 926, el presbítero Aliemo, en comunión con su nieto, el también presbítero Eleca, donan al monasterio las iglesias de Santa Maria, de San Martín, de Santa Cruz y de Santa Columba, sitas junto al río Arlanzón. El 1 de mayo de 985 le donan Juan Muñoz y su hijo, presbítero, con motivo del ingreso de este último en la congregación, todos sus bienes, entre ellos un campo en Espinosa de Juarros. En 1032 el matrimonio formado por Diego Muñoz y Teresa donan el pequeño monasterio familiar de San Miguel, sito en Espinosa, adquirido por ellos a otro matrimonio. Entre la documentación de Cardeña hay un documento falso de 1.045 en el cual se dice que el rey Fernando I, junto con su esposa Dª Sancha, donan las villas de Villafría, Orbaneja-Riopico y San Martín de la Bodega, además de los monasterios de San Vicente en Castañares y San Adrián de Juarros, al tiempo que establecen el régimen jurídico de las villas y sus habitantes. Dos años más tarde, el matrimonio formado por Salvador González y Momadonna, donan las dos divisas que tenían en el pueblo de Espinosa. Por último, en el año 1079, Vermudo y su mujer donan a Cardeña sus divisas y solares en Cueva, Cuzcurrita y Espinosa de Juarros.


También el monasterio de San Pedro de Arlanza contó con unas donaciones en los términos de la Junta de Juarros y La Mata. La primera data de 1044, año en que Laín González da a este cenobio los bienes que tenía situados en distintos pueblos de la sierra, entre ellos Salgüero de Juarros. Con motivo de un ingreso en el monasterio, el presbítero Argisco dona en 1070 el quinto de sus bienes muebles, sus tierras en Bujedo y las iglesias de San Juan y Santiago de Los Ausines.


El importante patrimonio del monasterio de San Millán de la Cogolla también se vio representado en Juarros. Así. en 1074 el señor Alvaro González de Guinea concede al cenobio riojano una casa en Ibeas, así como otras posesiones en Álava. En el año 1084, Diego Oriolez toma el hábito en este monasterio, a la vez que dona sus posesiones de Bujedo, entre otras. Un año más tarde, el abad de San Millán intercambia con el recién ingresado Diego Oriolez una casa con sus dependencias en Baños a cambio de otra en Bujedo. También el presbítero Domingo de Bujedo dona a San Millán un solar en dicha localidad.


La presencia del dominio del monasleno de San Juan de Burgos tiene su justificación en la posesión del monasterio de San Adrián de Juarros. Es en el año 1097 cuando las hermanas Teresa y Estefanía Diez donan a San Juan el monasterio de San Adrián, sito entre Santa Cruz y Salgüero, junto con sus collazos y pertenencias. Siete años más tarde, una familia entera da su consenumicnto para donar la parte que tenían cerca del monasterio de San Adrián. Antes de su adhesión a San Juan de Burgos, este pequeño cenobio tuvo su propia existencia y un pingüe dominio basado en ciertos derechos sobre un molino en el río de Ibeas, en Cuzcurrica de Juarros, en un lugar llamado "Fonte de Nafarra".


Tampoco podía faltar en nuestra relación el monasterio de San Cristóbal de Ibeas. A pesar de su afianzamiento en tierra de Juarros, este monasterio cuenta entre su documentación con un escaso número de adquisiciones y donaciones en el territorio, todas ellas de muy pequeña entidad. La más antigua data de 1107, año en que un matrimonio dona al abad Domingo y a los monjes de San Cristóbal diversas posesiones en catorce lugares distintos, citándose entre ellos el de Santa Cruz. Años más tarde, dos matrimonios donan al monasterio nuevas posesiones en otros once lugares, aludiendo, una vez más. a Santa Cruz. San Cristóbal también contó con la merced de los reyes que lo quisieron premiar con la exención en el pago del ponazgo, así como una total libertad para pastar con sus ganados de forma libre en todo el reino. El documento reza lo siguiente: " .. Dono quoque vobis et iure hereditario concedo ut omnes ganati vestri per omne regnum meum secura et libera habeant pascua er in nullo loco montaricum por illis tributatis ... ". La concesión se renueva una vez más en el año 1292 con el rey D. Sancho IV.


El acta de fundación del monasterio de Santa Maria de Bujedo de Candepajares nos muestra como Dª Sancha Oíaz de Frías, mujer del conde Lope, dona al abad del monaslerio de San Cristóbal de Ibeas sus posesiones en Bujedo y en Candepajares en orden a establecer una comumdad premostratense.


Un documento hallado entre la documentación de San Pedro de Arlanza nos dice que en el año 1166 el rey Alfonso VIll concede al señor García de Pinilla y su mujer el lugar de Salgüero de Salce. juntamente con su término municipal. También por esta colección diplomática se sabe que este mismo caballero, en el año 1173, cede al monasterio de Arlanza el lugar de Salgüero a cambio de cierta cantidad de dinero y una heredad. El caso de Salgüero puede resultar ilustrativo para entender cómo muchos lugares de nuestra comarca pasaron de ser lugares de realengo a lugares de señorío eclesiástico, no sin antes haber pasado por la dependencia de un señor laico.


El resultado de este largo y complicado proceso se manifiesta en la constatación de los derechos señoriales que los monasterios adquieren en algunos de los lugares de la comarca de Juarros. Varios documentos dan fe de este tipo de derechos, en concreto los del monasterio de las Huelgas de Burgos sobre el lugar de Brieva y Santa Cruz de Juarros, así como los de San Juan en el lugar de San Adrián, derivados estos últimos del dominio ejercido sobre el monasterio de este lugar.


2. La aldea, marco de producción y de convivencia.


2.1. Orígenes y evolución histórica.

Con la colonización de los S. IX y X llega el triunfo de la aldea, marco dentro del cual se desarrolló la pequeña explotación familiar, verdadero motor de crecimiento que supuso una total ruptura con el tipo de propiedad latifundista desarrollada en el pasado por romanos y visigodos. Esto, unido a un momento de protección militar garantizada por el reíno cristiano y a la buena disponibilidad de tierra para roturar, propició el marco adecuado para el surgimiento de estos modelos de ocupación. Pero entrado el S. XI, este crecimiento demográfico desbordaría los núcleos de población existentes, haciéndose necesaria tanto su ampliación como la creación ´ex novo´ de otros muchos. En consecuencia, los nuevos núcleos se establecieron rellenando los espacios vacíos que anteriomente separaban las poblaciones existentes.


El resultado de este proceso será la aparición de una densa red de núcleos repartidos por el territorio a poco más de dos o tres kilómetros de distancia entre sí. Pero esta situación de relativa libertad e igualdad social tendría una vida corta y por una evolución, derivada de su propio desarrollo, fue sustituida por unas estructuras feudales. Serian las iglesias y los monasterios los centros de colonización y apropiación del espacio en la Castilla alto medieval, además de constituirse en los focos de atracción de población y centros cristalizadores del feudalismo. Este papel estará desempeñado por los monasterios de San Pedro de Cardeña, San Cristóbal de Ibeas, Santa María la Real de Bujedo, las Huelgas o San Juan de Ortega, según lo dicho unas páginas antes. Es de esta manera como la ocupación del espacio aparece unido a la creación y fundación de una iglesia, auténtica célula de colonización espiritual y de organización del espacio agrario. Bajo su auspicio, la comarca de Juarros, al igual que pasa con otras de la provincia, comienza a salpicarse entre los S. IX y X de multitud de núcleos de población, pequeños y aislados entre sí por amplios espacios, coincidiendo con un momento de relativa tranquilidad con el enemigo árabe. Las menciones a los núcleos de población que aparecen en los documentos permiten determinar el proceso de poblamiento seguido por esta región. Pero cierto es que la fecha asignada a los topónimos de los que se conoce la referencia documental no viene a coincidir casi nunca con la de su ocupación real. Corresponde, ciertamente, a la fecha en que por primera vez se habla de ellos en los documentos. La vida en comunidad se manifiesta como la mejor fórmula de protección frente a la intranquilidad exterior. y pronto se desarrollan, de manera espontánea, las normas de repoblación: por un lado, los campos cultivados, de carácter privado y por otro, los espacios y bosques de aprovechamiento comunitario, además de los bienes de titularidad concejil como son hornos, molinos, fraguas, abrevaderos, potros o puentes.


2.2. Significado de la aldea como espacio económico, social y político.
En un plano económico, el solar puede definirse como la unidad de explotación familiar dentro de la aldea. lncluía la vivienda, los espacios de huerto, eras de trillar, las tierras de cereal y, de haberlas, las dedicadas a viñedo. Formaban, igualmente, parte del mismo los derechos de participación sobre los espacios de monte y bosque, los derechos de titularidad concejil y, en su caso, la cabaña ganadera.


En un nivel superior a la familia campesina y al solar se encuentra la aldea, célula básica de poblamiento. Las relaciones entre las familias campesinas quedan delimitadas por los vínculos de vecindad. La aldea posibilitó un tipo de hábitat de carácter estable, lo que se tradujo en un desarrollo de la actividad agrícola y ganadera. Supuso también una garantía de protección frente al peligro procedente del exterior, y en general frente a cualquier elemento que desestabilizara el orden interno.


Las aldeas fueron la base de la primera fase de la colonización, entre los S. VIII y X. La mayoría nacen de manera espontánea, mediante el asentamiento de familias campesinas que se apropian de una tierra de nadie y desarrollan una economía de producción estable. Este es el caso de las villas que integran la comarca de Juarros. Ninguna nace al amparo de los centros monásticos de referencia, entiéndase San Cristóbal de Ibeas o San Adrián de Juarros. Unicamente la presencia del monasterio de Santa María de Bujedo origina en torno a sí una pequeña comunidad de campesinos, dirigida al mantenimiento de la abadía.


En unas aldeas como las de Juarros se puede distinguir la parte dedicada al caserío y los espacios productivos. En los primeros siglos de vida, hasta el S. XIV para el caso de la comarca que nos ocupa, el caserío se mantendría algo disperso, pero a medida que el aumento demográfico es evidente, se hace necesario un proceso de compactación del mismo. El espacio productivo se articula en torno al caserío en forma de anillos concéntricos, incluye, además, el espacio de bosque y monte, que marca el límite del término. También la presión social sobre el espacio hizo necesaria la ampliación del terrazgo a costa de una disminución de los espacios incultos.

En un plano social, en la aldea se pueden dar cita a un mismo tiempo, los señores y los campesinos, distinguiendo entre los campesinos dependientes y los hombres de behetría. Las fuentes medievales aportan pocos datos acerca de los verdaderos protagonistas del proceso de señorialización, sin los cuales nada hubiera tenido sentido. Las referencias a los campesinos son elocuentes y significativas. Se nos presentan en los textos medievales como esos habitantes de las aldeas que luchan por sobrevivir en una sociedad dominada por los señores feudales. Son esos labradores que roturan unas tierras que no les pertenecen y por cuyo derecho de usufructo deben pagar a su señor la renta feudal previamente acordada. Pero no siempre fue así. Con anterioridad al S. X, las aldeas estaban dominadas por la igualdad, los campesinos eran dueños de sus propios destinos, la propiedad plena sobre los solares quedaba garantizada con el empeño y trabajo diarios. Pero una serie de circunstancias ya explicadas provocaron el desequilibrio en el seno de las aldeas y la desigualdad se impuso. Una vez iniciado el proceso de feudalización, muy lentamente, todos fueron cayendo en las redes de la dependencia señorial. El camino que les arrastró a este estado de pérdida de libertad fue en casi todos los casos el mismo. A partir de la igualdad aldeana surgen los deseos de diferenciación en el esfuerzo empleado en el trabajo de la tierra, lo que acaba reflejándose en el volumen de la cosecha. Los que más arriesgaron fueron los vencedores y pronto se convirtieron en los maioresde la aldea, relegando al resto a una posición de inferioridad respecto a ellos. La presión sobre el espacio cultivado, las deudas contraídas en años de malas cosechas, la imposibilidad de pagarlas penas judiciales y el deseo voluntario de protección, acabaría por convertir a esos minores en campesinos dependientes de aquellos.

Los campesinos eran la clase productora por excelencia, recayendo sobre ellos todo el peso de la economía feudal. Eran, igualmente, los pecheros sobre cuyas espaldas recaía una triple fiscalidad. Por un lado, debían hacer efectivo el pago de la renta señorial, que incluía los derechos de tipo territorial y jurisdiccional; en segundo lugar pagaban al rey las alcabalas y las tercias y, finalmente, a la Iglesia el diezmo, que venía a suponer una décima parte de la cosecha. Aunque pueda parecemos excesiva la tributación descrita, lo cierto es que sólo suponía para las economías campesinas un tercio de sus cosechas. Los dos tercios restantes se destinaban para la simiente del año próximo y para la subsistencia de los miembros de la familia. A pesar del cumplimiento de todas estas obligaciones de tipo fiscal, los campesinos dependientes disfrutaban deuna serie de derechos de obligado reconocimiento por parte de sus señores. Una vez asentados y mientras cumplieran con las condiciones del acuerdo, el señor no podía privarles del dominio útil sobre el solar ocupado. El señor no les podía impedir la transmisión del mismo por vía de la herencia, así como tampoco su enajenación, donación, vema, intercambio o incluso su abandono, siempre que el nuevo ocupante adquiriera el compromiso de pagar la renta feudal establecida. El solariego era dueño de los aperos de trabajo, de sus animales de tiro, e incluso cabía la posibilidad de disponer de una pequeña cabaña ganadera. Como ocupante de un solar, adquiere la categoría de vecino, lo que le permite participar en la vida concejil y beneficiarse de los bienes detitularidad concejil.


Dentro del campesinado hemos de distinguir aquellos otros que no eran dependientes por la tierra. Nos referimos a los hombres de behetría, nombre que deriva de las villas donde convivian junto a los solariegos. Este tipo de villas, antes del proceso de señorialización, estaban pobladas por campesinos libres, es decir, dueños de su propio trabajo y derechos de propiedad sobre sus tierras, que convivían en pacífica armonía con un señor venido de fuera, propietario de unos solares en dicha villa. Pero también sobre ellos acabó cerniéndose la sombra de la señorialización, quedando así afectados por un cambio en su condición. Iniciado este proceso, el anterior señor, ese hidalgo dueño de derechos de titularidad sobre una parte de la aldea, deberá a partir de ahora convivir con otro señor situado a un nivel superior, único capacitado para ejercer la jurisdicción singular. De esta manera, el anterior señor sólo tendrá derecho a percibirlas rentas señoriales, tipo de derecho que gravaba la tierra cuando ésta era trabajada por campesinos sin derechos de titularidad sobre ella. A su lado se situaría aquel otro señor que ejerce el poder político dentro del dominio, lo que le posibilita a exigir los tributos por jurisdicción a todos los campesinos de la villa, fueran tanto dependientes de aquel señor intermedio como libres. En un señorío de behetría podía haber, y de hecho había, varios señores intermedios o diviseros, como los llaman las fuentes medievales. Pero si algo caracterizaba una villa de behetría del resto era la convivencia de hidalgos y labradores libres.


Por su lado, los señores eran los auténticos dueños de la aldea. al quedar.investidos de autoridad en el ámbito local por delegación política de parte del rey. Además de poseer el dominio eminente sobre los solares de su propiedad (necesariamente, no toda una aldea pertenecía a un único señor), disponían de la capacidad para gestionar el resto del espacio aldeano, aquel integrado por los espacios de pasto y monte. Ejercían un control sobre los nuevos asentamientos de campesinos en el espacio de la aldea. Quienes ocuparan aquellos solares en el futuro, pasaban a convertirse inmediatamente en campesinos dependientes. Participaban de la economía aldeana a través de la extracción de la renta señorial, quedaban exentos del pago de fiscalidad, disponían de tribunales especiales y ejercían la justicia dentro de la aldea.


No pensemos que la proyección del dominio señorial sobre el campesino fue del todo fácil, pues en la mayoría de los casos encontró resistencias de índole variada. Este tipo de choques no se produjeron de forma individualizada, sino que los campesinos actuaron siempre con el respaldo del concejo. El motivo de estas disputas se centró, hasta finales del S. XIII, en unas cada vez mayores exigencias impositivas y en el control por la tierra y los espacios ganaderos de parte de los señores. La respuesta de los campesinos se canalizó a través de la resistencia, la ocultación de las cosechas, la elevación de recursos al rey o en su caso, la emigración. Desde finales del S. XIII, la pugna señores-campesinos adquirió tintes de mayor dureza. Los motivos fueron la coerción fiscal y el recurso a los malos usos señoriales.


La vida política de cada aldea se organizaba en tomo al concejo, institución cuya presencia se justifica a partir del S. XI-XII por una serie de razones. Entre ellas, la importancia cada vez mayor que en la comarca de Juarros adquieren las prácticas comunales (aprovechamiento de leña y pasto) y, en consecuencia, la necesidad de defender los intereses comunes de los campesinos frente a los señores. En los primeros años de vida de los concejos, la autonomía era total e independiente de la decisión señorial. Pero andado el tiempo, junto a los cargos locales harían su aparición los delegados del señor en las aldeas. Así, de todas las decisiones tornadas y cuestiones tratadas el señor quedaba informado. Pero el señor no era el único presente en estas sesiones. También la Junta quería estar al corriente de lo que se hablaba en las reuniones concejiles de los lugares que la integraban y de esta manera solicitaba su presencia através de un decreto. Así procede en 1766 con la petición de concesión de un decreto que la legitimara para asistir a las Juntas de Cubillo del César. Las sesiones estaban abiertas a todos aquellos vecinos que acudieran. Según la documentación de la Junta de Juarros, cada concejo se reunía ´en el lugar acostumbrado´, bien fuera en la casa del concejo o ayuntamiento, en la casa de fulano o en el pórtico de la iglesia parroquial. Otro de los motivos por los que se reunía el concejo era a fin de dar resolución a los pleitos en los que se hallaban implicados. Así, por ejemplo, en el año 1501 de dictamina una sentenciaque intenta poner solución a un pleito entablado entre Cardeñuela de Valdeorbaneja, de una parte, y los concejos de la Junta de Juarros y el monasterio de San Cristobal, de otra. Para tal fin, cada lugar de la Junta se reúne en su respectivo concejo en orden a nombrar a los procuradores que les representen en dicho pleito. Pero sus atribuciones políticas estaban frenadas por el caciquismo concejil, que hizo de los cargos una competencia cada vez más controlada por los hidalgos de cada lugar, así como por las injerencias de los señores. Algunas de las competencias económicas ya han sido adelantadas: establecer garantías en el disfrute igualitario de los montes y pastos, construcción y mantenimiento de los bienes de titularidad concejil, amojonamiento de los términos de la aldea, organización de las labores agricolas en los espacios de explotación comunal, regulación del uso del horno y el molino por veces, horas o adras. Al final de cada año, todos los lugares debían presentar sus cuentas. Cuando se planteaba la necesidad de hacer un amojonamiento de términos pertenecientes a la Junta, el Alcalde de la Junta debía presentarse ante el Alcalde Mayor del Adelantamiento de Castilla para solicitar un permiso de apeo. Los procuradores, elegidos de entre los más ancianos de cada lugar (por ser quienes mejor conocían los términos) debían estar presentes el día del apeo, juntamente con el rezedor nombrado por ellos. Pero si algo había importante era el tema del pago de los impuestos. El concejo canalizaba la parte de la renta señorial correspondiente a cada campesino y, una vez reunidas todas, se transfería íntegra al señor. El mismo procedimiento se utilizaba para la recaudación de los servicios y monedas debidos al rey. Cada año, los distintos lugares que componen la Junta de Juarros y la Mata acudían a la persona a la que han arrendado las rentas y servicios ordinarios y extraordinarios para hacer el abono correspondiente.

Al frente de cada concejo había un alcalde y un regidor. Gracias a un informe dado a finales del S. XVIII podemos determinar las competencias de jurisdicción de los alcaldes y regidores en los juicios verbales. Mediante esta Real Provisión se dictamina que los alcaldes y regidores de sus respectivos pueblos debían conocer y resolver todo tipo de juicios y contiendas que no excedieran los treintas reales de vellón de cobranza por los numerarios. La desobediencia se pagaría con el encarcelamiento del infractor. Sobre los alcaldes y regidores recaía la obligación de resolver todos los casos de denuncia que se dieran en sus pueblos, debiendo velar por la buena conservación de los campos sembrados y plantíos, aunque estos excedieran la multa de los treinta maravedís. Cuando se preveían gastos de justicia superiores a la cantidad marcada en los capítulos de la Instrucción de Montes, el conocimiento ya no correría a cargo del alcalde, capacitado únicamente para resolver asuntos de justicia ordinaria, sino al corregidor de la ciudad de Burgos. Pero no siempre se reconoció a los alcaldes y regidores la posibilidad de administrar la justicia de primera instancia. Con anterioridad al año 1788, no tenemos noticia de esta concesión a los concejos. Será a partir de esta fecha cuando aparezcan las primeras protestas de los diferentes pueblos por la carestía que suponían los desplazamientos hasta la lejana villa de Revilla del Campo, lugar donde residía el corregidor de la Junta. Los afectados alegaban numerosos gastos y agravios que debían ser resueltos con la mayor rapidez posible. Entre ellos, figuran los siguientes: la gran distancia que separaba cada pueblo de Revilla, el mal estado de los caminos, el aumento de tiempo que les suponía atravesar esa misma distancia cuando llegaban las primeras nieves, los gastos de transporte hasta allí, el abandono en el que quedaban sus haciendas durante su ausencia y la desprotección frente a los delincuentes y bandidos que poblaban los bosques y caminos. Todos estos inconvenientes llevan a la Junta a solicitar al rey, en nombre de todos sus concejos, a que se conceda a los alcaldes más antiguos la facultad de administrar la justicia ordinaria en calidad de jueces de primera instancia, no pudiendo cobrar por sus servicios más de doscientos reales de vellón.


2.3. La realidad feudal reflejada en los pueblos de Juarros.
A continuación haremos un recorrido por todos los pueblos que integraron la Junta de Juarros en la época medieval. De todos ellos hemos localizado su primera mención documental, indicando igualmente el tipo de dependencia señorial que sobre ellos se desplegó, así laica como eclesiástica. El Becerro de las Behetrías constituye un importante corpus documental de mediados del S. XIV (fechado en el año 1352) que nos proporciona una imagen precisa de la situación de las aldeas burgalesas en la Baja Edad Media: su denominación, su clasificación en base a las categorías señoriales de realengo, abadengo, solariego y behetría, los derechos que debían satisfacer los campesinos en función de las categorias establecidas, así como la división administrativa de la provincia por alfoces, una delimitación que no venía a coincidir con las actuales comarcas. El Becerro da cuenta de los pueblos que se hallaban poblados por aquel entonces, de los lugares que quedaron yermos o desaparecieron tras la "Peste Negra", gran mortandad que asoló toda Europa en el año 1348, constituyendo una imponante fuente documental para el conocimiento del proceso de poblamiento seguido en esta comarca. Para el caso que nos ocupa, el Becerro recoge lugares de solariego o abadengo que poseían varios señores titulares, generalmente dos. (el territorio y lugar de Cueva estaba repartido entre dos señores laicos, San Adrián entre dos monasterios y Mozoncillo entre uno laico y otro eclesiástico). aquellos que pertenecían únicamente al señorío exclusivo de un particular (es el caso del señorío ejercido por la abadesa de las Huelgas sobre Cubillo del César) o aquellos otros con dominio de los señores eclesiásticos sobre los laicos (sobre Brieva eran cuatro los señoríos existentes, uno laico y el resto de abadengo). No sabernos por qué, pero el Becerro recoge todos los pueblos de la Junta de Juarros excepto el de San Millán, incluidos los barrios de Matalindo y Cabañas.

Las aldeas actuales que formaron parte del alfoz de los Ausines son las que se corresponden con lo que los documentos medievales llaman la Jurisdicción de la Mata, que siempre aparece en comunión con la de Juarros. Este alfoz lo encontramos ya testimoniado desde los primeros años del S. Xl al XII, entre la documentación de los canulanos de Oña, Arlanza y San Pedro de Cardeña: In foç de Agosín, in alfoz de Acsin, in tota alfoç de Agosin, respectivamente.

  • Los Ausines: Conformado por sus tres barrios, Quintanilla, San Juan y Sopeña, cada uno con su propia iglesia titular. Con el nombre de Agusyn aparece por vez primera el 28-5-972 en el Becerro de Cardeña. El Becerro se refiere a él con el nombre de Aosin. Por aquel entonces, su dominio era de titularidad compartida entre el obispo de Burgos y la abadesa del monasterio de Santa María de los Ausines, quedando cinco vasallos bajo la dependencia del obispo y cuatro bajo la de la abadesa. Como campesinos dependientes que eran, debían pagar a sus respectivos señores la cantidad estipulada. Pero como autoridad superior se encontraba el rey, máximo señor con el que también debían cumplir con sus obligaciones tributarias. Así pues, debían abonar todos los campesinos los servicios y monedas (impuestos extraordinarios exigidos por la Corona para atender gastos también extraordinarios) y fonsadera (impuesto regular de carácter militar, que exoneraba del servicio de armas), quedando exentos del pago de la martiniega (impuesto territorial) y del yantar (tributo consistente en origen en dar alimento y posada al rey o señor y ahora ya pagado con carácter regular en dinero) por estar el obispo y la abadesa del monasterio en posesión de privilegios.
  • Cubillo del Campo: Aparece por primera vez documentado el 1 de Enero de 1044 con el nombre de Cupiello. Tres siglos más tarde, el Becerro se refiere a él como Cobiel del Campo. Era por entonces un lugar de "behetría". Para el caso concreto de Cubillo del Campo, el señor singular que ejercía la jurisdicción de tipo político sería Pedro Royz Carriello y los señores intermedios serían D. Nuño, D. Pedro, tres hijos de Rodrigo Pérez de Villalobos, Femando Rodríguez de Villalobos, Pedro Núñez, Juan Ramirez de Guzmán y los hijos de Ramiro Flórez y sus hermanos. Tenía además esta villa por señores naturales, aquellos campesinos que destacaban del resto por tener un dominio mayor, a Pedro Carriello, Juan Alfonso Camello, a los hijos de Pedro Royz Carriello y a otros muchos. Cada año debía dar todo el concejo de Cubillo a Pedro Royz Carriello cincuenta maravedis y a cada uno de los sesenta divisersos (tanto de la aldea como venidos de fuera) daban sus campesinos seis maravedis por el día de San Juan. Entre los derechos que pagan al rey están los 150 maravedís que da el concejo al Castillo de Burgos, los servicios y monedas y los siete maravedís al Adelantado. El adelantamiento fue una institución creada por los reyes desde mediados del siglo XIV en un intento de fortalecer su poder sobre los señores. En origen, tenía encomendadas funciones tipo militar, a las que luego se suman las fiscales y las jurídicas. El cargo se elegía de entre la nobleza y su misión era hacer cumplir las órdenes reales en las circunscripciones que dirigían.
  • Cubillo del César: Aparece ya recogido en el año 1193 con el nombre de Cubillo de Cesa y en 1219 como Cubiello de la Cesa. Repartido en dos barrios, su jurisdicción se dividía entre Lara y Burgos. Así aparece en el censo de 1591 como Cubillo de la Cesa en Lara y Cubil de la Cesa de la mata, en el partido de Juarros. Pero en 1785 únicamente aparece en La jurisdicción de Lara, pues el barrio de La jurisdicción de La Mata, llamado Villafranca, se había despoblado. El Becerro se refiere a él con el nombre de Cobiel de la Çesa, perteneciendo entonces al señorío del monasterio de las Huelgas de Burgos. Debía dar el concejo de Cubillo del César a su señora la abadesa un total de treinta maravedís en concepto del pago de la infurción (canon que toda familia solariega debía pagar -- in ofertione, en ofrenda-- por ocupar un solar cuya propiedad correspondía al señor). siempre y cuando el lugar estuviera poblado. Este dato nos demuestra que el lugar de Cubillo del César podía no estar poblado ciertos años, lo que pone en evidencia la vulnerabilidad poblacional del lugar en determinados años, coincidente, quizás, con los años de malas cosechas y decreciente natalidad. Para el año en que el Becerro se escribe, el lugar de Cubillo aparece poblado y, por lo tanto, con obligación de hacer efectivo el mencionado derecho. Por su lado, los campesinos del lugar debían contribuir con los derechos del rey, a saber: servicios, monedas, fonsadera, quedando exentos del pago de la martimega.
  • Cuevas de San Clemente: Aparece documentado por vez primera el 25 de noviembre de 1152: ecclesia S. Clementis cum Illa villa que vocatur Covas. El Becerro lo recoge con el nombre de Cuevas de Sant Clemeynte, pero junto a él, al margen, Sant Clemente será la denominación con la que posteriormente se conocerá. Este lugar perteneció al obispo de Burgos, debiendo pagar todo el concejo a su señor eclesiástico por infurción treinta maravedís y dieciocho de martiniega. Con el rey tenían que cumplir las siguientes obligaciones: al castillo de Burgos cuarenta y seis maravedís de martiniega, al adelantado veintidós maravedís de martiniega y los siempre requeridos servicios, monedas y fonsadera. No pagaban yantar.
  • Hontoria de la Cantera: El Cartulario de San Pedro de Arlanza lo recoge el 1 de enero de 1044 como Ambas Fonteaurias y treinta y tres años más tarde, el 17 de diciembre aparece como Fonte Aurea de Susu. El Becerro se refiere a él como Fontoria de Suso. Para mediados del S. XIV, Hontoria de la Cantera era lugar de behetría, teniendo por señor titular de la jurisdicción a Pedro Royz Carriello y como diviseros o señores intermedios a los mismos que lo eran para la villa de Cubillo del Campo. En concepto de los derechos de jurisdicción campesinos dependientes o libres, unidos en concejo, debían pagar por infurción veinticinco maravedís. Por su lado, únicamente los campesinos dependientes pagaban de renta a sus respectivos diviseros, un total de sesenta, seis maravedís anuales por cabeza, además de la tercia. Daba todo el concejo de martiniega ciento tres maravedís al Castillo de Burgos, cuatro al adelantado, seis al "cogedor de carta de pago", así como los correspondientes servicios y monedas.
  • Modúbar de San Cibrián: El Becerro gótico de San Pedro de Cardeña se refiere a él el 1 de febrero de 944 como de ecclesia de Sancti Martini usque vadit ad Motua y el 25 de julio de 1063 como Motuba de Sancti Cipriani. En el año 1352 el Becerro lo recogía con el nombre de Modua de Sant Çebrian, momento en que era lugar de realengo. Y como tal, sólo debían pagar sus habitantes, libres de cualquier señorío laico o eclesiástico, las correspondientes monedas, servicios, y no solían pagar la fonsadera salvo la de Algeciras. No pagaban martiniega.
  • Revilla del Campo: Ya el 23 de mayo de 964 el Becerro de Cardeña lo recoge como Ripiella y el 25 de julio de 1063 como Ripiella del Campo. Con algún ligero cambio, en 1352 aparece como Rebiella del Canpo, momento en que tres señoríos, dos eclesiásticos y uno laico, compartían la titularidad sobre la villa. Por un lado, el obispo de Burgos contaba con cuatro vasallos, la abadesa de las Huelgas diez y el señor Gómez Carriello uno. Sólo sabemos lo que pagaban los vasallos de la abadesa, pues el Becerro nos omite la información referente a los derechos del obispo y el señor laico. Así, la abadesa recibía por infurción, de parte de aquellos vasallos suyos que fueran propietarios de una yunta de bueyes, la cantidad de un almud de pan, medio de trigo y lo mismo de cebada, una carga de leña, una gallina y un maravedí. La mitad recibiría de aquellos vasallos que sólo dispusieran de media yunta de bueyes. Junto a estos derechos de fiscalización anual, los vasallos de uno y otro señor debían satisfacer los siempre conocidos servicios, monedas y fonsadera del rey.
  • Revillarruz : La primera mención documental referente a este lugar data del 17 de diciembre de 1077 y se conoce como Ripiella Feruço. El Becerro se refiere a él como Ribiella Ferruz. Entonces pertenecía al obispo de Burgos, al que pagaban por infurción cada casado, ocho celemines de pan de trigo, la viuda cuatro; el que no estaba casado pero tenía labranza de su propiedad, cuatro celemines y aquellos que fueran moradores en el lugar, además debían dar una gallina por Navidad. Los derechos del rey se repartían de la siguiente manera: de maraniega al castillo de Burgos y al obispo, treinta y cuatro, dieciocho maravedís respectivamente; lo mismo para el adelantado; al cogedor por carta de pago, seis maravedís: al rey, servicios y monedas y no daban yantar; no solían pagar fonsadera, salvo para la cerca de Algeciras.

Los despoblados localizados de este alfoz son estos que se siguen:


  • Espinosa: Despoblado en el término de Cuevas de San Clemente, 1300 m. al N-E, 200 m. de la divisoria municipal con los Ausines y 400 m. del término de Mambrilla de Lara. Se recuerda la existencia del pueblo, sus restos y el nombre del mismo. Mapa 1750.000, hoja 276. lat. 42° 8m. 7s. , long. 0° 7m. 58s.
  • Hontoria de Yuso: 17-12-1077: Fonta Aurea de Iusu. Despoblado en el término de Hontoria de la Cantera, 1600 m. al N-E. a la derecha y lindando con el río Saelices, en el pago llamado Anturdioso, derivación de Hontoria de Yuso, donde todavía se conocen los restos de edificios. Mapa 1/50.000. hoja 238, lat. 42º 12m. 10s., long. 0º 3m. 0s..
  • Modúbar de Zafalanes: 17-12-1077· Motua de Çafalanes. Despoblado en el término de Modúbar de la Cuesta, 1000 m. al S-E, a la izquierda y lindando con el río Ausines. Los restos del poblado y cementerio se han conocido en el pago llamado Los Huertos. Mapa 1/50.000. hoja 238. lat. 42° 15m. 36s., long. 0° 4m. 18s. 
  • Quintanaseca: 19-8-969: Quintana Seca (Cardeña). Despoblado en el término de Hontoria de la Cantera, 3100 m. al N-F. a la izquierda y lindando con un arroyo que confluye al San Quirce, 150 m. a la derecha del camino del Robledal. En 1352 era propiedad del abad de San Quirce y del abad de Ausín. Ya estaba por entonces yermo. Allí se conocen los restos de un pueblo en el pago llamado Quintanaseca. Mapa 1/50.000, hoja 238. lat. 42° 12m. 15s. long. 0º 5m. 25s.
  • Revilla de la Fuente: 17-12-1077: Ripiella de la Fonte. Despoblado en el término de Revilla del Campo, 1000 m. al S-E, junto a los molinos del Conde y la ermita de San Juan. También algunos restos hacia la fuente llamada Revillasuso. Mapa 1/50.000. hoja 238, lat. 42º 12m. 14s., long. 0° 09m. 15s.
  • Salgüero: 1-11-1056: Salgüero (Cardeña). Despoblado en el término de Revilla del Campo, 2500 m. al S-E, convertido hoy en una granja llamada Salguero del Sauce o Salguerillo. Mapa 1/50.000, hoja 239, lat. 42° 12m. 38s., long. 0º 11m. 20s.
  • San Cibrián: 1-2-944: ad ecclesie Sancti Cipriani (Cardeña). Despoblado en el término de Modúbar de san Cibrián. 900 m. al N-NO, en tomo al manantial llamado de los Mártires. Se recuerdan algunos restos de edificaciones el pago de este mismo nombre. Mapa 1150.000, hoja 238, lat. 42º 15m. 35s., long. 0° 6m. 17s.
  • San Clemente: 25-11-1152: de ecclesia S. Clementis cum illa que vocatur Vovas. Despoblado en el término de Cuevas de San Clemente, 1900 m. al N-0, 300 m. a la derecha de la carretera de Burgos-Soria. en tomo a la fuente llamada de San Clemente. Se conservan los restos del pueblo y la memoria de su existencia Mapa 1/50.000, hoja 276, lat. 42º 8m. 14s., long. 0º 5m. 59s.
  • San Martín: 1-1-944: ecclesia de Sancti Martini(Cardeña). Despoblado en el témlino de San Cebrián, 800 m. al N-NO, a unos 100 m. a la derecha de la carretera de Modúbar de San Cibrián a Burgos. En el pago se recuerda la existencia de una ermita dedicada a San Martín y los restos de las edificaciones y cementerio se han conocido unos 200 m. hacia el SO de la ermita, en torno al molino de abajo y muy cerca del rio Ausines. Mapa 1/50.000. hoja 238, lat. 42º 15m. 31s. long. 0° 5m. 42s.
  • San Quirce: 28- 11 -1053: in sanctorum Quirici et Julite. Despoblado en el término de Los Ausines, 2100 m. al S-E de Quintanilla, del que se ha conservado tan sólo la antigua iglesia de la abadía, convenida hoy en ermita de Santa Julita. Mapa 1/50.000. hoja 238, lat. 42º 11m. 19s., long. 0º 5m. 37s.
  • Zafalanes: 2-7-978: Zafalanes (Covarrubias). Despoblado en el lérrnino de Modúbar de la Cuesta, 2200 m. al E-S, a la derecha y lindando con el río Ausines, unos 300 m. después de haber pasado la mojonera con Modúbar de San Cibrián. Los restos se han conocido en el pago llamado Plazalanes. Mapa 1/50.000, hoja 238. lat. 42° 15m. 35s., long. 0º 5m. 7s.

De los 12 despoblados habían desaparecido en 1352 todos menos tres: Hontoria de Yuso, Revilla de la Fuente y Quinlanaseca. En los dos censos de finales del s. XVI, tanto en el eclesiástico de 1587 como el civil de 1594, no se encuentra ninguno de los 12 despoblados. En el Nomenclator de Floridablanca del año 1789 se mencionan como despoblados Hontoria de Yuso y Revillasuso, como lugar Salguero de Salce y como villa San Quirce.


Las aldeas actuales que formaron parte del Alfoz de Lara y que hoy integran la Junta de Juarros son la siguientes:


  • Palazuelos de la Sierra: La primera mención documental data del 1 de abril de 957, cuando es llamado Palatiolos. Seis años más tarde, el 13 de julio. es conocido ya como Palaciolos. El Becerro lo recoge con su etimología actual: Palaçios de la Sierra, lugar que pertenecía entonces al señorío del monasterio de las Huelgas. Pagaba a la abadesa todo el concejo el derecho de infurción y entre los derechos del rey estaban las monedas, los servicios y la obligación del pago de la cerca de Algeciras. Quedaban exentos de la martimega y la fonsadera.
  • Villamiel de la Sierra: Con fecha del 10 de mayo de 1062 aparece con el nombre de Villa de  Momel y el 1 de julio de 1156 con el de Villa-Momel. En 1352 se simplifica a Villa Omel. Durante estos años centrales del s. XIV el señorío de Villamiel quedaba repartido entre dos titulares, uno laico y otro eclesiástico. El señorío solariego era de titularidad múltiple y recaía, conjuntamente, en Pedro Fernández de Velasco y en las mujeres de Diego Pérez Sarmiento, Sancho Martinez de Leva y Juan Rodríguez de Sandoval. Por su lado, la abadesa de Remicio detentaba el señorío eclesiástico, a quien sus vasallos pagaban tres maravedis de infurción al año. La misma cantidad pagaba el resto de vasallos con sus respectivos señores, sin distinción alguna entre uno y otro. Así mismo, todos debían abonar al señor de la Casa de Salas cincuenta maravedís cada año, sin olvidarnos de las monedas que se daban al rey.
El Alfoz de Santa Cruz de Juarros aparece ya señalado el 29 de abril de 1032: monasterio sancti Mikael in villa que vocitant Spinosa, in alfoce de Santa Cruce de Scuarros ... De éste han llegado hasta nuestros días diez lugares y dos barrios dependientes de Santa Cruz. El castillo cabeza de alfoz de Santa Cruz ha desaparecido, pero la toponimia ha conservado su recuerdo en un cerro situado junto a la villa. Los lugares habitados de este alfoz son los que a continuación se siguen:

  • Brieva de Juarros: El becerro de San Pedro de Cardeña recoge la primera mención documental de Brieva el 1 de enero de 964, refiriéndose a él como Breva. En el año 1352 aparece con el nombre de Brieua, momento en que sobre la villa recaía una triple dependencia. Por un lado, el señor laico Pedro Fernández de Velasco ejercía sus derechos de propiedad sobre un solar (todo solar estaba siempre poblado por una familia de campesinos dependientes); pero también los abades de Foncea, Villalbura y las Huelgas de Burgos poseían su pequeña parte: el primero con dos solares y el segundo y último con un solar cada uno. Respecto a los tributos que debían pagar los vasallos de uno y otro, el Becerro nos indica que al abad de Foncea le daban sus campesinos dependientes dos maravedís de infurción, los de Femández de Velasco tres maravedís y otros tres los de los abades de Foncea y Villalbura. Todos los campesinos, sin excepción alguna, debían satisfacer al rey monedas y servicios, quedando exentos del pago de la martiniega. No, en cambio de la fonsadera impuesto de obligado cumplimiento a los solares que estaban bajo el dominio abadengo
  • Cabañas: No disponemos de ningún dato acerca de este barrio de Santa Cruz y carecemos de cualquier noticia escrita que aporte datos acerca de su condición durante el Medievo. El Becerro tampoco lo recoge.
  • Cuzcurrita de Juarros: Un documento del Cartulario de San Millán de la Cogolla, fechado en el año 947, contiene la primera mención escrita de Cuzcurrita. Se refiere a él con el nombre de Coscorrita. El Becerro alude a él con el nombre actual Cozcorrita, aunque con anterioridad también se conoció como Ezcocozrrita. Todo el lugar de Cuzcurrita pertenecía al abadengo del monasterio de San Cristóbal de Ibeas. "e non ay otro vezino si non el". A su señor debía pagar cada vasallo por infurción un total de trece dineros y una gallina cada año. Con el rey estaban obligados al pago de los sevicios y monedas, quedando libres de la martiniega y fonsadera.
  • Cueva de Juarros : Desde el primero de los documentos medievales, fechado el 28 de mayo de 972, hasta uno de los últimos, el Becerro de las Behetrías, la etimología con que se conoce a Cueva no ha sufrido variación alguna. Para mediados del siglo XIV este lugar era propiedad compartida de dos señores laicos que se repartian la titularidad. El primero, de nombre Juan Estébanez, señor singular del lugar, al que pagaban cada vasallo tres maravedís y una gallina de infurción y el segundo, de nombre Pedro Fernández de Velasco, a quien sus dos solares le daban un total de cuatro maravedís y dos gallinas. También el abad de Romoço poseía en Cueva unos solares yermos, pero no percibía nada por ellos al estar despoblados. Al rey sólo dan servicios y monedas, pues nunca pagaron martiniega ni fonsadera.
  • Espinosa de Juarros: El Cartulario de San Pedro de Cardeña nos aporta los datos documentales más antiguos de este lugar, citado como Spinsa en la temprana fecha de 23 de mayo de 964 y como Spinosa ocho años después. En el Becerro aparecía como Espinosiella, aunque también recogía la acepción de Espinosilla. El señorío de Espinosa recaía sobre el monasterio de San Cristóbal de Ibeas, a quien sus vasallos debían pagar cada año doce dineros más una gallina. Pero también Juan Rodríguez poseía en propiedad unos solares yernos, aunque no percibía nada por ellos al no vivir en ellos más que él. Al rey debía pagar todo el concejo monedas, fonsadera y martiniega.
  • lbeas de Juarros: En el año 921 se conservan dos referencias documentales en el Cartulario de Cardeña que aluden a Ibeas con la denominación de Ebeia. Habrá que esperar al 14 de noviembre de 1058 para encontrar una nueva etimología: Ebegias. Aveas será como aparezca en el Becerro de 1352. año en que el lugar de Ibeas se repartia entre dos señoríos. El primero, propiedad de Juan Estébanez, titular de tres solares poblados y de otros yermos. y el segundo. propiedad del monasterio de San Cristóbal, titular de medios solares, todos yermos salvo uno que está poblado por una mujer. Los campesinos quedaban exentos del pago de cualquier impuesto y al rey daban los acostumbrados servicios y monedas.
  • Matalindo: No tenemos noticias de este barrio de Santa Cruz entre la documentación medieval, lo cual no quiere decir que no existiera. Habrá que esperar al año 1515 para tener una referencia escrita que aluda a su etimología: Matamala. El Becerro no lo recoge.
  • Mozoncillo de Juarros: Habrá que esperar al año 1225 para tener la pnmera mención documental de Moçonciello. En 1352 aparece como Alcueça de Moçoncillo, aunque contemplaba como segunda acepción el nombre de Monçoçillo. A mediados del siglo XIV el lugar de Mozoncíllo pertenecía a dos señoríos, uno de solariego y otro de abadengo. Mientras el de solariego era propiedad de Gómez Carriello, recayendo los derechos de titularidad sobre cinco solares, el de abadengo recaía sobre dos solares propiedad del abad de San Cristóbal. Existía una gran diferencia entre lo que pagaban los vasallos del señor laico y los del monasterio. Así, los vasallos de Gómez de Carriello contribuían con un maravedí y una gallina por solar poblado, al tiempo que los solares del abad lo hacían con tres maravedís y una gallina. Entre los derechos del rey, todos los campesinos debían abonar los servicios y monedas mientras que sólo los vasallos del abad pagaban la fonsadera.
  • Salgüero de Juarros: A finales del siglo XI, un documento hace alusión a Salgüero de la siguiente manera: "Inter Sanctam Crucem et Salgorium". A mediados del siglo XIV, el Becerro lo recoge como Salguero de Muera. Era entonces un lugar de señorío compartido entre los derechos de titularidad que Pedro Femández de Velasco poseía sobre sus siete solares poblados y los del monasterio de San Cristóbal sobre el solar de su propiedad. Por regla general, vemos en los documentos que los vasallos de solariego pagaban menos que sus compañeros de abadengo, hecho que podemos ver reflejado en el siguiente extracto: "Dan los vasallos de Pero Ferrandez por infurçion cada uno dos maravedis e los vasallos del dicho monesterio cada uno tres maravedis e una gallina". Por el contrario, todos pagaban al rey los mismos derechos: monedas y servicios. quedando exentos del pago de la martiniega y fonsadera, tributos estos que nunca pagaron.
  • San Adrián de Juarros: Un documento de 1 de marzo de 970 hace alusión a San Adrián como Sancti Adriani. A mediados del siglo XIV aparecerá ya con el nombre de Sant Andrian, repartiendose en él los derechos de titularidad los monasterios de San Juan de Burgos y San Cristóbal de Ibeas. Los derechos que pagaba cada vasallo a su señor quedan perfectamente recogidos en el siguiente extracto: "Dan por infurçion los vasallos del monesterio de Sant Iohan cada uno dos maravedis e quatro coronados e los vasallos del monesterio de Sant Christoval de Oveas treze dineros e una gallina". Al rey pagaban lo que tenían por costumbre: servicios, monedas y no pagan ni martiniega ni fonsadera.
  • San Millán de Juarros: La primera noticia documental acerca de San Millán se corresponde a una fecha relativamente tardía, noviembre de 1151, momento en que se hace llamar Sanctum Emilianum. El Becerro no lo recoge.
  • Santa Cruz de Juarros: Un documento del 1 de mayo de 1071, contenido en el Cartulario de San Pedro de Cardeña se refiere a él como Sancta Cruce. A mediados del siglo XIV, el Becerro lo recoge con el nombre de Santa Cruz de Xuarros, acepteando como válida la acepción de Yuarros. En 1179, los monasterios de San Juan de Burgos y San Cristóbal, de una parte, y el concejo de Santa Cruz, de otra, establecen una concordia en la que se fijan los derechos de pasto y leña que en los montes de dicho concejo tenían los habitantes de San Adrián, considerados vecinos de él, además de ser dependientes de ambos monasterios. Tres años más tarde se entabla un pleito en la ciudad de Burgos entre ambos monasterios y el concejo de Santa Cruz. En la sentencia se fijan los derechos que los "hombres y collazos" de estos monasterios tienen en los pastos y leña del citado concejo. Como el problema parece escar lejos de resolverse, en 1196 se apela el pleito a la Chancillería de Valladolid. donde el rey Alfonso VIII establece los derechos que los collazos de San Juan y San Cristóbal, residentes en San Adrián, tenían en los montes de Santa Cruz.

En 1352 se repartían la titularidad del lugar cuatro señores diferentes,condenados a entenderse: uno de solariego y tres de abadengo. Un fragmento del documento reza así: " ... e a en el dicho logar Pero Ferrandez çinco solares e el abat del monesteryo de las Huelgas de Burgos que a y solares e el monesterio de Sant Christoval d´Oveas dos solares e el monesterio de Buxedo un solar". A pesar de tanta variedad, todos los vasallos debían pagar a su señor los mismos derechos: tres maravedís de infurción y el yantar cuando lo querían tomar. Semejantes condiciones de igualdad recaían sobre las obligaciones tributarias del rey: sólo pagaban servicios y monedas, pues quedaban exentos del pago de la martiniega y la fonsadera, salvo de la cerca de Algeciras, que estaban obligados a pagarla. Los despoblados localizados en el territorio del alfoz de Santa Cruz de Juarros son los siguientes:


  • Casares: Despoblado en el término de San Adrián de Juarros. 2.000 m. al NO, junto a la divisoria municipal con Salguero de Juarros, unos 300 m. al N. Del vértice Pinilla, donde se conocen las ruinas de casas y el cementerio. Mapa 1/50.000, hoja 239, lat. 42º 16m. 47s. long. 0º 11m. 28s. 
  • Celada: Barrio despoblado de Santa Cruz de Juarros, 700 m. al SO. de la villa cabeza del alfoz de Santa Cruz de Juarros, a la derecha y lindando con la carretera de Santa Cruz a Palazuelos de la Sierra, al SE: del vértice llamado Sampelario. Se recuerda la existencia de un barrio y los restos del mismo en el pago "Los Casares". Citado en abril de 1152: Celada iuxta Sancta Crucem. En 9-7-1160: Celada. Mapa 1/50.000, hoja 239, lat. 42° 14m. 45s., long. 0° 12m. 35s.
  • Molintejado: Despoblado en el término de San Millán de Juarros, 1.600 m. al S-SE, a la derecha y lindando con la carretera que conduce a Cueva, en el lugar que hoy ocupa la granja de Molintejado. Según el Becerro del monasterio de San Cristóbal de Ibeas los vecinos de Molintejado acudían a oir los divinos oficios y a recibir los santos sacramentos a la iglesia de Santa María la Vieja, sita junto al monasterio, que era su parroquia. Mapa 1/50.000, hoja 238, lat. 42° 18m. 22s., long. 0° 9m. 12s.
  • Olea: Aparece ya poblado en el siglo XIII con el mismo nombre. Lugar citado en 1789 como de la jurisdicción de Juarros en calidad de despoblado bajo el señorío del monasterio de San Cristóbal de Ibeas.
  • Oncalada: Despoblado en el término de Cueva de Juarros, 4.400 m. al SE, a la derecha y lindando con el camino de Castrillo del Val a Villamiel de la Sierra, contiguo a la divisoria municipal con Santa Cruz de Juarros. Se conservan restos del pueblo en el pago llamado "Oncalada". No se ha encontrado este lugar en la documentación medieval. Mapa 1/50.000, boja 238, lat. 42° 14m. 17s., long. 0° 9m. 30s.
  • Quintanilla de la Vega: Despoblado en el término de San Millán, 700 m. al N-NO, en la margen derecha del río Arlanzón, en el pago llamado "La Vega". a unos 100 m. a la derecha del camino llamado de "Quintanilla", donde se conocen vestigios de un antiguo poblado en la proximidad de un molino derruido. Citado en el Cartulario de San Cristóbal el 15-1-1164: Quintanilla cum suo termino circa Evea. En 1352 pertenecía al monasterio de San Cristóbal de Ibeas. Mapa 1/50.000, hoja 238, lat. 42° 19m. 23s. long. 0º 8m. 25s.
  • San Andrés de Juarros: Despoblado en el término de San Millán de Juarros, a W-SO, situado en torno al puente llamado aún hoy día de San Andrés, sobre el río Cueva, donde todavía se conocen vestigios del despoblado. Citado en el Cartulario de San Cristóbal en noviembre de 1151 como la aldea de Sancto Andrea. Mapa 1/50.000, hoja 238, Jat. 42° 19m. 2s. long. 0° 8m. 18s.
  • San Cristóbal de lbeas: Abadía despoblada en el término de San Millán de Juarros, 500 m. al SO, en la margen derecha del río Cueva, junto al cual se halla un molino. Documentada a partir del 25-12-1107 en el Cartulario de San Cristóbal. Mapa 1/50.000, hoja 238, lat. 42° 18m. 57s., long. 0º 8m. 38s.
  • San Vicente: Despoblado en el término de Salgüero de Juarros, 2.200 m. al E, 100 m. a la izquierda de la carretera que va de Salgüero a Brieva, a la orilla derecha del río Salgüero, frente al molino llamado de San Vicente. Citado en 1245 en el Cartulario de San Cristóbal. Mapa 1/50.000, hoja 239, lat. 42° 17m. 33s., long. 0° 13m. 30s.
  • Santa María de Bujedo: Abadía despoblada en el termino de Santa Cruz de Juarros, 2500m. al al SO. a la derecha y lindando con la carretera de San Millán a Palazuelos. Mapa 1/50.000, hoja 239. lat 42º 14m. 14s., long. 0º 11m. 30s.
  • Villaseodino o Santa Coloma: Despoblado en el término de San Millán. 1100 m. al O-NO, a la derecha y lindando con el cauce que corre a la derecha del rio Arlanzón, entre este cauce y un camino, a unos 500 m. del puente de San Millán sobre este mismo río. Son conocidos los restos de un pueblo que hoy llaman Santa Coloma, pero que debe corresponderse con Villasendino, que en la documentación de San Cristóbal aparece junto a Quintanilla de la Vega. Citado en 1208 y abril de 1209: conçeio de Villasendino. Mapa 1/50.000, hoja 238, lat. 42° 19 m. 18s. long. 0º 7m. 56s.  


Sólo el despoblado de San Andrés es mencionado en 1352 como habitado, con el nombre de Sant Andres de Oveas. Ninguno de los 11 despoblados se encuentran entre las parroquias del censo de 1587, pero en el censo civil de 1594 reaparece San Andrés. En la relación del conde Floridablanca del año 1789 se enumeran como ya despoblados a Olea y San Andrés.